Ir al contenido principal
Volver al blog

Autocuidado: más allá de los baños con velas

autocuidado bienestar salud mental

El autocuidado se ha convertido en una palabra de moda, asociada a baños de espuma, velas aromáticas y rutinas de belleza. Y aunque no hay nada malo en esas cosas, el autocuidado real va mucho más allá.

Qué es el autocuidado (de verdad)

El autocuidado es cualquier acción que tomamos intencionalmente para preservar o mejorar nuestro bienestar físico, emocional o social. No tiene que ser cómodo ni agradable en el momento: a veces cuidarse significa decir que no, poner límites, o ir al médico cuando llevamos semanas postergándolo.

¿Por qué nos cuesta tanto?

Muchas personas que conozco en terapia tienen dificultad con el autocuidado porque inconscientemente lo asocian con egoísmo. “Hay personas que lo pasan peor”, “no tengo tiempo”, “ya descansé cuando acabe esto”…

El problema es que ese “cuando acabe esto” nunca llega. Y mientras tanto, el cuerpo y la mente van acumulando tensión.

Formas concretas de autocuidado

Físico: Dormir las horas que necesita (no las que puede), moverse con regularidad aunque sea un paseo corto, comer con atención.

Emocional: Reconocer cómo se siente sin juzgarse. Hablar con alguien de confianza. Permitirse llorar, o rer, sin que haga falta una razón.

Social: Elegir con quién pasa el tiempo. Alejarse (aunque sea temporalmente) de relaciones que le desgastan. Pedir ayuda cuando la necesita.

Mental: Crear espacios de descanso cognitivo: sin pantallas, sin tareas, sin productividad.

El autocuidado no es un lujo

En la terapia, una de las primeras cosas que exploramos es qué hace la persona para recuperarse. No para relajarse, sino para recuperar energía de verdad. Esa respuesta dice mucho sobre cómo nos relacionamos con nosotros mismos.

Si le cuesta cuidarse, eso en sí mismo merece atención.